Si bien antes del golpe existieron hechos de insubordinación militar, como la sublevación del 29 de junio de 1973, el 11 de septiembre marcó la ruptura del orden democrático en Chile y el inicio de una política de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. La Junta Militar declaró el estado de sitio, disolvió el Congreso y los partidos políticos, impuso censura a la prensa y suspendió derechos civiles. Comenzó así una represión que incluyó detenciones, ejecuciones, desapariciones forzadas, tortura, prisión política y exilio. Esta política no se dirigió solo a militantes políticos, sino también a personas consideradas “sospechosas” o “enemigas” por razones ideológicas, sociales, territoriales, de género, edad o pertenencia étnica. Entre las víctimas hubo campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, mujeres embarazadas o detenidas con hijos, sujetos pertenecientes a pueblos originarios, personas sin militancia y jóvenes menores de edad. Muchas fueron arrestadas en sus hogares, trabajos o centros de estudio. Estadios, regimientos, escuelas y otros espacios fueron usados como centros de detención en todo el país.
testimonios orales
Niño observa los tanques en la Alameda durante el Golpe de Estado (Foto de Cristián Montecino). Archivo MMDH.
Fotografía realizada en el Estadio Nacional, en la que aparecen decenas de detenidos custodiados por tres miembros armados del Ejército de Chile. (Foto de Marcelo Montecino). Archivo MMDH.
Balcón del Palacio presidencial de la Moneda tras bombardeo realizado el 11 de septiembre de 1973. (Foto de Cristián Montecino). Archivo MMDH.
Según el Informe de Verdad y Reconciliación (1991), entre septiembre y diciembre de 1973 se concentra el 57% de las víctimas de la dictadura: 1.832 personas fueron ejecutadas o hechas desaparecer. En este período se inscriben crímenes como los cometidos por la “Caravana de la Muerte”, que ejecutó prisioneros en distintas ciudades del país.