hacer justicia ar

memorias

Cuando la dictadura estaba llegando a su fin hizo una apuesta fuerte por la desmemoria y la impunidad mediante el Documento Final de la Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo y la Ley de Pacificación Nacional. Fracasó.

Hacer Justicia fue posible en Argentina. Múltiples factores se alinearon: la demanda ética persistente de las organizaciones de derechos humanos, la valentía de las y los sobrevivientes, el acompañamiento de amplios sectores sociales, la receptividad de gobiernos de otros países, y la disposición de los diferentes poderes del Estado.

Y Hacer Justicia no fue sólo condenar y castigar. Los juicios nos permitieron conocer los hechos con una rigurosidad que ningún debate social se exige a sí mismo. Nos dieron la oportunidad de escuchar a quienes sobrevivieron y a familiares de las víctimas. Generaron el espacio para reconstruir trayectorias militantes y de vida. Empujaron a la arena pública a los hijos e hijas desobedientes. También pudimos conocer las declaraciones de militares, policías o personal de inteligencia: algunos aportaron información que corroboró el testimonio de las víctimas. Nos permitieron dibujar el mapa de la represión en cada rincón del país con sus propias temporalidades y localizaciones.

En el marco de los juicios se reunió, sistematizó y produjo una inmensa cantidad de documentación probatoria que conforma un acervo de gran relevancia para la memoria histórica. Una parte de ese acervo se incorporó a los guiones museísticos de los sitios de memoria, como sucede con el Museo de Sitio de la Ex ESMA, íntegramente basado en testimonios y documentación recolectados en las investigaciones judiciales.

Los procesos judiciales fueron también un espacio de reparación para las víctimas y sobrevivientes, y permitieron localizar, identificar y restituir los cuerpos de numerosas personas desaparecidas, desandando con inmenso trabajo la impunidad que la última dictadura intentó asegurarse.

Los juicios están dentro y fuera de los tribunales. Son un sustrato de nuestra cultura, de nuestras movilizaciones, de nuestro activismo. Son también parte de nuestra identidad. Las y los artistas los recuperan y reactivan como memoria y reflejo. Así sucede con películas, documentales, obras de teatro, libros de ficción y de crónica periodística, entre otros, que toman el proceso de justicia como punto de referencia para reflexionar sobre nuestro pasado y ponerlo a jugar nuevamente en el presente.

testimonios orales

Los juicios también son un ámbito para la elaboración social del horror. Documentar y probar no sólo fue necesario para atribuir responsabilidades sino  para comprender los alcances de lo sucedido. También permitió organizar una conversación social sobre el pasado. Una conversación que incluye a distintas generaciones.

Hacer Justicia es también hacer memoria.